Atravesando este invierno paralizador, vegetando en el alma. Estiro mi brazo para asirme desesperadamente de un principio, de un poco de orden. Pero resulta que no hay nada.
Todo yace dentro, no hay atajos para ningún arte, y naturalmente no lo hay para el arte el de vivir. No es la ilusión de holgazanear después de ocho horas metido en el laboratorio. sino alinear las actividades y energías para cumplir con prioridades. Con lo más importante. Con la medida exacta de consideración y coraje.
Quiero actualizar más seguido este espacio. Aun no encuentro una temática que no sea este licuado de palabras, pero algo es algo.




